[COLUMNA] ¿Qué más podremos aprender de la pandemia? Resignificar el aula presencial

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Activando la Resolución de Problemas en las Aulas

Por: Teresa Sánchez, Directora de Proyectos Iniciativa ARPA

Este período de pandemia está siendo el mayor desafío que han enfrentado en los últimos 100 años, y a nivel global, todas las instituciones que organizan nuestra sociedad. El virus, las medidas sanitarias y de confinamiento que se han debido tomar para controlar su expansión, han modificado definiciones y funcionamiento de los sistemas de salud, economía, política, seguridad, cultura, religión, educación, industria, comercio…; todos y a todos los niveles, nos hemos visto enfrentados a grandes problemas que resolver y mucho de que aprender. 

La educación en particular, para responder a las restricciones sanitarias, debió ajustar sus procesos en un desafío y aprendizaje enorme para toda la comunidad escolar. Aulas virtuales, enseñanza y aprendizaje remoto, relaciones a distancia entre docentes y estudiantes y entre estudiantes, plataformas de comunicación, guías y textos de estudio que viajan entre la escuela y la casa para ser resueltas y evaluadas. Profesoras y profesores que hacen clases a través de la pantalla del ordenador, estudiantes que “van a clases” en sus casas y la necesidad de contar con una mayor participación de los padres o cuidadores en el proceso. 

Docentes, estudiantes, madres y padres dan cuenta de diversas experiencias en esta escuela remota. Algunas narrativas comunes cuentan de profesoras y profesores esforzados en construir buenos materiales para entregar a sus estudiantes y en preparar las mejores clases remotas que les permitan entregar contenidos y captar la atención de niñas, niños y jóvenes.  Según algunas experiencias que hemos conocido, los estudiantes responden a estos esfuerzos en no más de un 30%. 

Una vivencia común, mencionada repetidamente, es el aula virtual sincrónica donde aparece la imagen y voz de un docente que habla a una audiencia de pequeños cuadros negros, con pocas preguntas de los estudiantes y escasas conversaciones entre ellos. ¿Pero esto debe sorprendernos? Variadas investigaciones previas a la pandemia indican que el aula presencial se caracteriza por un docente en un rol frontal, con interacciones docente-estudiante mayoritariamente unidireccionales desde el docente y escasa comunicación o instancias de colaboración para el aprendizaje entre estudiantes. Al parecer, la experiencia remota estaría replicando lo que sucedía presencialmente, una práctica donde los profesores y profesoras entregan y los estudiantes reciben.

Aunque los resultados de los cambios que están ocurriendo en educación todavía son noticia en desarrollo, a nivel mundial el mensaje de los expertos puntualiza la urgencia de reabrir las escuelas y devolver a la educación su carácter presencial, fundado en aspectos tales como las grandes brechas de desigualdad que se acrecientan, las dificultades para establecer en forma remota la interacción docente-estudiante-currículo y el carácter de espacio primario de socialización que posee la escuela desde la edad preescolar. Pero ¿a qué escuela volveremos? ¿A qué experiencias de aprendizaje invitaremos a los estudiantes en su retorno? ¿Cuál será el nuevo significado que daremos a las actividades de aula, en ese espacio de presencialidad que durante este tiempo hemos revalorizado como precioso?

Después de los enormes aprendizajes que hemos tenido en el uso de la tecnología para la educación, tal vez la pandemia nos prepara otra gran oportunidad de aprender. Más de un año de echar de menos la presencialidad, la vuelta a la escuela nos invitará a aprovechar la posibilidad de interactuar directamente, de dialogar y colaborar entre docentes y estudiantes y entre estudiantes en una “nueva presencialidad”. Todo el sistema educativo, la escuela y docentes estamos llamados a buscar las vías que permitan proponer a niñas, niños y jóvenes una experiencia de aprendizaje presencial dialógica, en que aprendan, desarrollen habilidades y actitudes para su vida, se motiven y se comprometan con su propio desarrollo y el de sus compañeros. Una experiencia de aula en que, desde los niveles de párvulo, se problematicen los contenidos y los docentes inviten a las y los estudiantes a colaborar, a analizar, a resolver, a equivocarse y reconocer sus errores, a pensar críticamente, a escuchar y a comunicar. En esta “nueva presencialidad” las y los profesores jugarán un rol fundamental, apuntando a desarrollar una práctica pedagógica desafiante e inclusiva en que se fortalezca un vínculo socioafectivo y de comunicación con los estudiantes, dejando atrás la transferencia de conocimientos, situándose como un guía del proceso de aprendizaje.

Será una tremenda oportunidad de aprendizaje que nos deje la pandemia, el retomar esos espacios de aula presencial que tanto extrañamos, resignificarlos y aprovecharlos en su máximo potencial.

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