[COLUMNA] ¿Es posible el aprendizaje colaborativo en contextos virtuales?

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Activando la Resolución de Problemas en las Aulas

Por: Paula Olavarría y Rodrigo Loyola, Monitores Iniciativa ARPA Universidad de Chile.

Hoy va tomando fuerza entre educadores/as la idea de que el trabajo colaborativo es una vía fundamental para el desarrollo de las habilidades de nuestras y nuestros estudiantes. La consigna de que el conocimiento se construye entre pares la venimos escuchando cada día más en las reflexiones y conversaciones en nuestras aulas o salas de profesores. Existen múltiples variaciones para que esta consigna se lleve a la realidad, a través de propuestas didácticas que posibiliten dicho trabajo colaborativo. Ahora bien, antes de dicha bajada práctica, es importante mirar qué entendemos por colaboración. Una posibilidad es entender que colaborar implica la realización conjunta de una tarea a partir de roles específicos que las y los integrantes desarrollan; ello podría reducirse a dividir la tarea en partes y que cada integrante aporte una de ellas; y luego reunir esos fragmentos y construir un todo. La práctica del “trabajo en grupo” termina muchas veces ejecutándose bajo esta lógica. Otra manera sería entender que la colaboración resulta cuando existen implicados procesos de identificación, selección y reflexión de ideas en conjunto, donde a partir de los puntos de vista, habilidades y experiencias de cada integrante del equipo, es posible resolver un desafío o producir un resultado. Es decir, situaciones en las que colaborar implica encontrarse con otros y mirar, percibir y vincular las diferencias que les constituyen como sujetos. En este sentido, el desarrollo de las habilidades no solo se genera en la producción de ese fin, sino en el trabajo metacognitivo en torno a los procesos que permitieron dicha meta. Por lo tanto, la tarea del docente reside en diseñar e implementar experiencias de aprendizaje donde las y los estudiantes desarrollen conocimientos metacognitivos sobre sus procesos de aprendizaje: qué estoy aprendiendo, cómo lo estoy aprendiendo y qué debo hacer para seguir profundizando en dichos aprendizajes. 

Este cambio de paradigma tiene dificultades para ser implementado en las salas de clases en tanto existe un modelo tradicional donde el o la docente sigue teniendo el control, el uso de la palabra y la voz evaluadora única en la sala de clases. Y más aún, situados en el contexto de la pandemia actual y en la virtualización del aprendizaje, pensar experiencias donde la mirada evaluadora no recaiga solamente en el docente y exista un trabajo colaborativo entre pares se vuelve muy complejo y al mismo tiempo esencial, más aún cuando no nos encontramos reunidos físicamente en un espacio que facilite el diálogo y la colaboración. En este texto pretendemos abordar algunas ideas para avanzar hacia experiencias donde la reflexión y la metacognición de los procesos se pueda realizar a pesar de las dificultades de conexión y baja conectividad que presentan una gran cantidad de nuestras y nuestros estudiantes. 

Conocidos son los casos de comunas como La Pintana¹, donde la conexión a internet es precaria debido a la falta de inversión de las compañías telefónicas, incluso, se ha reportado el caso de familias ubicadas en lugares alejados de los centros rurales que deben subir cerros buscando señal de internet. Esto pone de manifiesto las brechas en el acceso, no sólo a una conectividad óptima sino a dispositivos para que cada estudiante pueda acceder de manera efectiva y cómoda a las actividades virtuales. En este adverso escenario, el trabajo colaborativo en el aprendizaje a distancia, adquiere un rol fundamental para lograr vincular a nuestros y nuestras estudiantes a una comunidad y acortar así las distancias físicas que nos separan, involucrándoles en el proceso de aprendizaje. 

Cuando hablamos de educación virtual, es inevitable mencionar la brecha generacional que existe entre docentes y estudiantes. Los y las docentes en su mayoría pertenecen a una generación de inmigrantes digitales, mientras que sus estudiantes son nativos digitales. Ello nos podría hacer pensar que se encuentran más preparados para estudiar de forma virtual. Sin embargo, no se podría afirmar que las habilidades que han desarrollado las y los estudiantes en el uso personal y cotidiano de la tecnología y de las redes sociales, sean directamente transferibles al ámbito educativo². De hecho, ese proceso debería ser acompañado por nosotros los docentes, lo que requiere una serie de habilidades prácticas y reflexiones que requieren tiempo, dedicación y nuevas herramientas. En este contexto, los y las docentes ante la falta de recursos y apoyo por parte de los establecimientos educacionales y la institución ministerial, se han visto en la necesidad de buscar instancias de formación y de colaboración entre pares, de manera autogestionada,  para compartir recursos y experiencias formando comunidad. Entonces, las y los docentes han buscado estrategias que van desde trasladar las prácticas de enseñanza tradicional que realizaban en sus aulas, hasta innovar y utilizar los recursos que las herramientas digitales les ofrecen y que fueron descubriendo a través de un proceso de ensayo-error y de colaboración entre sus pares. 

Desde nuestra labor de acompañamiento docente en la iniciativa ARPA (Activando la Resolución de Problemas en las Aulas), hemos conocido experiencias novedosas que buscan mantener el contacto entre los estudiantes y desarrollar la colaboración. Una de estas experiencias tiene lugar en un pueblo rural del sur de nuestro país, donde la conexión a internet es escasa e inestable. La secuencia didáctica planificada se llevó a cabo vía whatsapp, pues era la forma de conexión más estable y fluida. Se enviaron videos y se realizaron videollamadas en grupos pequeños, donde se guió el trabajo y la discusión entre pares. De esto resultó una experiencia de aprendizaje colaborativo a distancia, pues para resolver la actividad los y las estudiantes tuvieron un momento de discusión y reflexión que buscaba enriquecer y complementar sus respuestas. Para la docente, este tipo de actividades favoreció que aquellas estudiantes con mayores dificultades para resolver el desafío/tarea, recibieron la colaboración y el apoyo de sus pares, dándoles el empuje y el los elementos necesarios y que así “se lanzaran” a crear, resolver y debatir sus ideas. Y que además, aquellos estudiantes que lograban resolver los desafíos de manera más rápida, a través de la revisión y el trabajo entre pares aprendían nuevas maneras y estrategias para resolver y enfrentar los desafíos. Si bien, el proceso no estuvo exento de dificultades, esta actividad se sitúa como una oportunidad para compartir con otros en un momento en el que la colaboración se veía tan lejana. Esta y otras experiencias nos muestran que, en la medida que los recursos lo permitan, fomentar el trabajo colaborativo aún es posible logrando así la interacción y la construcción conjunta de ideas. 

Con todo lo anterior,  se hace necesario generar vínculos y repensar cómo se construye una comunidad educativa en contextos virtuales, cuando no tenemos el espacio físico de la escuela. Cada estudiante situado en sus contextos cotidianos, con las dificultades que conlleva habitar los espacios privados y tener que “abrirlos” en cada clase online. Surge entonces la pregunta ¿cómo ofrecemos una experiencia significativa a distancia, en que las y los estudiantes sientan que vale la pena conectarse y estar en ese momento presente, y que no es lo mismo que ver un video en cualquier otro momento? Pensar cada clase online como una experiencia donde la voz y las opiniones de las y los jóvenes son el centro, es el desafío. Junto a la experiencia mencionada anteriormente, en los talleres ARPA a distancia hemos conocido prácticas de docentes que han logrado desarrollar estrategias de colaboración y diálogo entre las ideas y opiniones de sus estudiantes: a través de la estrategia de la plenaria, las docente leen, comentan, y analizan los textos escritos por sus estudiantes, y les animan a generar un debate donde se contraponen las ideas y se destacan los disensos entre los textos escritos por ellos y ellas. Una docente releva cómo, a pesar de que siguen con sus cámaras apagadas, el ánimo y el deseo de opinar y valorar los textos creados por sus compañeros y compañeras le ha dado un nuevo ritmo y vigor a sus clases sincrónicas a través de Google Meet. A pesar de las temidas “pantallas en negro”, ahi emergen las voces y juicios de esos jóvenes que a partir del trabajo de su docente, logran encontrarse y debatir  cada sesión online. De esta manera, se abren caminos y posibilidades para que las y los estudiantes sientan que siguen aprendiendo junto a sus pares, a pesar de que la sala de clases no pueda reunirlos; y que desarrollen así un sentido de pertenencia y vínculo a ese proceso de aprendizaje que han tenido enfrentar en el complejo contexto de pandemia que estamos viviendo.


¹https://www.elmostrador.cl/noticias/2020/09/28/alcaldesa-de-la-pintana-y-el-complejo-panorama-estudiantil-por-clases-online-tenemos-13-de-cobertura-de-internet/

²“En relación con las habilidades adquiridas en la práctica con videojuegos sostienen que no hay evidencias definitivas de que la interactividad propia a estos entornos sea aplicable a un conjunto significativo de estrategias de aprendizaje” p. 44-45.

Ovelar Beltrán, Ramón; Benito Gómez, Manuel; Romo Uriarte, Jesús. Nativos digitales y aprendizaje. Una aproximación a la evolución de este concepto. ICONO 14, Revista de comunicación y tecnologías emergentes, vol. 7, núm. 1, enero- junio, 2009, pp. 31-53.

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