[COLUMNA ESCRITURA] Prueba de Transición a la Educación Superior: ¿más de lo mismo?

Avatar

Nayareth Pino Luna

Monitora Equipo ARPA Escritura

Hace más de una década que los y las estudiantes, sus profesoras y profesores, venían exigiendo un cambio a la Prueba de Selección Universitaria. A lo largo de estos años se implementaron modificaciones al acceso a la Educación Superior: la incorporación del ranking (2012), la creación de PACE – Programa de Acompañamiento y Acceso a la Educación Superior (2013), el reajuste a las ponderaciones solicitadas desde las casas de estudio, entre otras medidas que se erigieron como respuesta frente a las demandas por justicia y equidad. Sin embargo, la prueba permaneció intocable durante sus dieciséis años de aplicación (2004), de los cuales catorce años estuvieron cruzados por la movilización social y estudiantil. Hoy es una verdad ineludible que la prueba profundiza aún más las desigualdades, en este contexto somos testigos de cómo se prepara, desde el DEMRE y MINEDUC, una modificación, que promete ser sustancial, a este instrumento.

 El 07 de mayo del presente, estas instituciones anunciaron los lineamientos de lo que será la Prueba de Transición para la Admisión Universitaria (2020-2021). En términos generales, la prueba eliminará un tercio de los contenidos antes evaluados, los que según informan propiciaban la inequidad entre los y las estudiantes. Además, indican que se pasará de tener 80 preguntas a 65 preguntas para un mismo tiempo de rendición (dos horas y treinta minutos). El gran cambio es que promete ser una prueba centrada en la evaluación de competencias y la resolución de problemas. Este giro se hará de manera gradual durante este y el próximo año.

 Del anuncio publicado surgen una serie de consideraciones que es necesario tener en cuenta desde los diversos espacios y organizaciones que tienen como preocupación central la educación. En primer lugar, la noticia contempla un lenguaje centrado en la meritocracia. Se publican los temarios y referentes de la prueba con el énfasis en que los y las jóvenes sean quienes asuman la responsabilidad de enfrentar este nuevo desafío: «con el objetivo de que los jóvenes que quieren ingresar a la Educación Universitaria puedan prepararse mejor para la nueva Prueba de Transición que reemplazará a la antigua PSU…». En este discurso está presente la idea del esfuerzo individual, por sobre la responsabilidad del Estado, de las políticas públicas y los diseños estratégicos que desde ahí debieran emanar a las escuelas. Los y las jóvenes no son los que se tienen que preparar por su cuenta, cuando una prueba de admisión debiera ser el reflejo de sus capacidades aprendidas y consolidadas a lo largo de la educación formal. En consecuencia, seguir apegándose a la retórica de la meritocracia, solo perpetúa el modelo de negocio de preuniversitarios. Empresas que ven en las carencias del sistema educativo una oportunidad para lucrar.

 En segundo lugar, esta prueba al eliminar un tercio de los contenidos, apunta a que eran estos los que “propiciaban inequidades entre los estudiantes». Al respecto es necesario señalar dos asuntos de relevancia. Por un lado, es profundamente valorable que Chile abandone la visión contenidista del aprendizaje. Desde los ajustes y disposiciones curriculares llevadas adelante durante los 2000, se propició pasar de un currículum academicista a uno centrado en habilidades. Por otro lado, es necesario tener presente que un instrumento centrado en competencias no es garantía de mayor equidad e inclusión en el acceso a la Educación Superior. Las competencias sí debieran ser el norte hacia donde apunte la educación. Sin embargo, integrarlas hoy a la hora de diseñar un instrumento tan decisivo en las trayectorias de jóvenes, es arriesgado y poco pertinente.

 Un instrumento de admisión de calidad debiera preocuparse de elementos tan relevantes como cuán predictivo es de las competencias que se requerirán para que los y las estudiantes sean exitosos a lo largo de las carreras escogidas. Las altas tasas de deserción en educación superior son sin duda una variable a considerar. No obstante, más allá de la calidad del instrumento y su predictibilidad, es necesario, por sobre todo, proyectar y diseñar un sistema de admisión -con sus respectivos instrumentos- que sea justo e inclusivo. Que no represente en sí mismo otra brecha más que deben sortear los estudiantes a lo largo de su vida en un país tan desigual como el nuestro. En este sentido, avanzar hacia la evaluación de competencias es lo deseable, pero no es garantía de mayor equidad e inclusión en el acceso a la educación terciaria.

 Las escuelas y docentes preparados para trabajar la resolución de problemas y otra sofisticadas competencias son escasas. Cuando se realiza un análisis a las prácticas docentes e interacciones en el aula (Treviño, Varas, Godoy y Martínez, 2016), se encuentra que estas siguen anquilosadas a modelos pretéritos. La Formación Inicial Docente está hoy en un tránsito hacia avanzar a altos estándares. En este sentido, una prueba de admisión no puede ir tres pasos adelante, cuando en las escuelas todavía existen resistencias a cambios curriculares hechos hace siete años atrás. Las competencias se educan, la resolución de problemas se educa, no responden a intuiciones o talentos que tienen algunos estudiantes y otros no. Necesitamos escuelas de pedagogía, sistemas de desarrollo profesional docente y políticas educativas en esa dirección, pero mientras tanto eso sucede, no le podemos exigir a los y las jóvenes que estudien por su cuenta.

 Hay que estar atentas y atentos a lo que vaya pasando. Por lo que se ve, falta mucho para tener un sistema de admisión que no reproduzca desigualdades de base. Esto no es lo que venimos pidiendo en las calles hace tanto tiempo, no es el cambio al modelo de admisión que devolvería la dignidad de soñar a tantos y tantas jóvenes. Como señala la UNESCO (2017) “los requisitos de admisión son una importante palanca política para aumentar la equidad en la enseñanza superior”, no pueden, entonces, transformarse en otro cerco que dejará a los mismos de siempre atrás.

Nayareth Pino Luna

Equipo ARPA Escritura

 Referencias:

Unesco (2017). Seis maneras de asegurar que la educación superior no deje a nadie atrás. Extraído de:

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000247862_spa/PDF/247862spa.pdf.multi

 Treviño, E., Varas, L. & Godoy, F. y Martínez, M.V. (2016). ¿Qué caracteriza a las        interacciones pedagógicas de las escuelas efectivas chilenas? Una aproximación exploratoria. En J. Manzi y M.R. García (Eds).Abriendo las puertas del aula:     transformación de las prácticas docentes (pp. 185- 220). Santiago: Ediciones UC.

 Noticia: Ya están disponibles ejercicios de las nuevas preguntas que tendrá la Prueba de Transición para la Admisión Universitaria 2020

https://educacionsuperior.mineduc.cl/2020/05/07/ya-estan-disponibles-ejercicios-de-las-nuevas-preguntas-que-tendra-la-prueba-de-transicion-para-la-admision-universitaria-2020/

Comentarios

Imagen propiedad de ARPA