Columna: ¿De qué hablan?

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Patricio Felmer

Doctor en Matemática Director Iniciativa ARPA Universidad de Chile

Hace algunos años, una profesora que realizaba un taller para docentes de educación básica en la comuna de Lo Barnechea, nos relató que en una oportunidad estaba haciendo una Actividad de Resolución de Problemas en el Aula (ARPA) en su clase de matemática y sonó la campana. Los estudiantes salieron a recreo y observó que dos de ellos se fueron al patio de la escuela discutiendo sobre el problema que estaban resolviendo en la clase.

– ¡Nunca había visto esto! – dijo la profesora – que estudiantes salgan de la clase hablando de matemática ¡Estoy muy sorprendida!

Claro que nos sorprende también a nosotros, quizás también nos sorprendería que durante el recreo dos estudiantes hablen del libro que tienen que leer, que comenten lo injusto que resulta ser lo que está viviendo el personaje principal o hablen de la belleza del pueblo donde ocurren los acontecimientos. También nos sorprendería que estudiantes discutan en el recreo sobre la conductividad eléctrica de los materiales y que pongan en duda la explicación dada en clases.

La pregunta que nos planteamos en esta nota es ¿de qué hablan los estudiantes entre ellos? Puede ser en el recreo, durante la clase o camino a casa. La respuesta obvia que se nos ocurre es ellos hablan de lo que les interesa, es que de eso habla uno, de lo que a uno le interesa.

Nuestra sorpresa por los niños que salen hablando de la clase de un problema de matemática, es porque sabemos que los estudiantes raramente hablan entre ellos de las materias escolares. Este es el punto y aquí la lógica es implacable y nos lleva a concluir que a los estudiantes no les interesan las materias escolares, así de crudo.

Pero entonces viene la otra parte ¿qué es lo que les interesa? Algunos dirán:

– Es que ya nada les interesa, a los estudiantes de hoy solo les interesa el celular y los juegos electrónicos, solo les interesan las redes sociales.

Quizás la segunda parte de la afirmación es correcta pues ciertamente les interesa comunicarse entre ellos, discutir, contarse cosas, ponerse de acuerdo, inventar, ponerse a prueba, mostrar que son capaces. A los estudiantes de hoy, y los de ayer también, les interesa comunicarse entre ellos, preguntarse cosas triviales y profundas, les interesa compartir experiencias, argumentar, hablar sobre la justicia, sobre la discriminación. A los estudiantes les interesa resolver problemas genuinos, hacer conjeturas, realizar experimentos, argumentar a favor de su posición. A los estudiantes les interesa discutir sobre la verdad y la mentira, sobre los engaños, sobre la libertad. Claro que eso les interesa, hacer conjeturas y ponerlas a prueba, les interesa contar una aventura y también la explicación que han encontrado de un fenómeno físico que los intriga.

Así, tal vez el problema no es que a los estudiantes no les interesen las materias escolares, sino que la forma y el tratamiento que le damos les quita el interés. Tal vez tenemos que intentar nuevas formas de organización interna de la sala de clases, incorporar el trabajo en grupo, las discusiones plenarias. Quizás podemos aproximarnos a las materias en la forma de preguntas o problemas ¿Ha sido el Estado chileno justo en el trato con el pueblo mapuche? ¿Es cierto que la madera no conduce la electricidad? ¿Y si está mojada? ¿Cuántas veces aparece el dígito 1 en los números de 1 a 100? ¿Cómo escribo una carta para convencer a la dirección de la escuela que la cancha debe ser para niños y niñas?

En estos tiempos de cambio, en que la tecnología está revolucionando todos los aspectos de nuestra vida, tenemos que atrevernos a cambiar la forma de organizar la sala de clases, tenemos que dar más protagonismo a los estudiantes, tenemos que plantearles problemas genuinos, sin solución evidente u obvia, tenemos que darle espacio para que entre ellos planteen soluciones y que luego discutan sobre estas soluciones.

Usando las habilidades adquiridas con la experiencia docente, el conocimiento que tenemos de nuestros estudiantes, sus intereses y su entorno, podemos producir cambios, introduciendo estrategias basadas en lo que tenemos todos, nuestro interés por comunicarnos y resolver problemas. No es necesario disponer de grandes teorías o de nuevas herramientas tecnológicas, sino que lo importante está en el corazón y la experiencia del docente. Las llamadas Habilidades para el Siglo 21 apelan precisamente a la comunicación, a la resolución de problemas, al pensamiento crítico y a otras habilidades humanas básicas que nos han permitido desarrollarnos como especie y que la escuela tiene hoy como tarea, activarlas en todos y cada uno de los estudiantes.

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